sábado, 7 de marzo de 2009

Presentación Los Brain

Esta historia trata de una familia londinense con trillizos, Alexandra, Alexander y Alexandro, que viven en una gran casa con un montón de secretos. Poco a poco, se irán desvelando. Comenzamos.

Octubre, 2001
Era una tarde lluviosa. Alexandra Brain miraba a las gotas de lluvia cayendo suavemente sobre la hierba del jardín. Su hermano Alexandro estaba en casa de un amigo suyo, al que después no recordaría, y su hermano Alexander estudiando, como siempre. Los Brain vivían en Londres. Alexandra tenía 7 años, y era la mediana de un grupo de trillizos que formaban Alexandro, Alexander y ella. De repente, su hermano Alexander, el menor, se levantó de la mesa y se fue por la puerta.
- ¿A dónde vas, Al?- le preguntó.
- ¿Y para qué lo quieres saber?- le contestó Alexander.
Su hermano dio un portazo, y Alexandra le persiguió. Total, estaba aburrida y no tenía nada mejor que hacer.
Alexander dobló una esquina, y se fue a lo que Alexandra llamaba “El viejo pasillo de la bodega rota”, porque era viejo, era un pasillo y había una bodega que no se utilizaba. Le daba miedo la bodega, porque estaba muy oscura, y nunca se había atrevido a entrar allí.
En cambio, Alexander entró. Se situó en medio de unos viejos y podridos barriles, y levantó el suelo. Alexander entró dentro y cerró la trampilla.
Alexandra buscó la trampilla por el suelo a ciegas, y cuando por fin encontró lo que parecía una arandela, tiró de ella. Alexander debería haber ido allí muchas veces, porque encontró la arandela muy deprisa.
Debajo de la “bodega rota”, había una escalera que llevaba a un oscuro pasadizo. No veía el fondo y tenía miedo, pero quería saber dónde había ido Alexander, y quería jugar con él, porque se aburría. Inmersa en la oscuridad, Alexandra bajó las escaleras de madera, que crujían a su paso. El polvo le hacía estornudar, y tenía la impresión de que en cualquier momento la escalera se rompería y caería a un abismo sin fondo. Pero si el miedica de su hermano se atrevía a ir por allí, ella, también.
Cuando bajó las escaleras, se encontró con un pasadizo lleno de antorchas encendidas. Tenía una atmósfera lúgubre y fantasmal. Siguió hacia delante fascinada, hasta que se encontró con una puerta de madera y hierro. Cuando la abrió, chirrió, y se encontró con una gran estancia.
Llena de estanterías llenas de libros, altas hasta el techo, y te tenías que subir a una escalera para llegar a los estantes más altos. La habitación estaba decorada con numerosas antorchas, y en el centro había una alfombra, con dos espadas y una lanza, y encima, una mesa de roble macizo. Su hermano estaba sentado en aquella mesa, mirando un libro viejo y polvoriento con raros aparatos.
- ¡Wow!- fue lo único que pudo decir.
Sonó eco, y se propagó por toda la estancia. Su hermano giró la cabeza rápidamente, para ver quién había entrado.
- ¡Tú! ¿Qué haces aquí? ¡No deberías estar aquí! ¡Vete! ¿Cómo has llegado aquí?- gritó Alexander.
Sonó más fuerte que un gran trueno gracias a la forma de la estancia, y Alexandra no podía jugar a hacerse la sorda. Le daba la impresión, pero solo la impresión, de que Alexander había pronunciado varias veces la palabra aquí. Lo había oído perfectamente.
- ¿Por qué no me habías dicho que existía este lugar?- preguntó Alexandra.
- Porque no te incumbe, hermanita. Ahora, ¡vete!- dijo, ajustándose las gafas en la nariz después de gritar.
Alexandra lo comprendió todo de repente. Porque su hermano desaparecía sin dejar rastro muchos días. Ella no era tonta. Sabía que la casa no era tan grande como para desaparecer una persona. Pero si existía una habitación debajo de la casa, era otra cosa…
Quiso hacer que su hermano se lo contara todo sobre aquella habitación. Y lo mejor para eso era hacerse la sorda y gritar mucho todo el rato.
Después de 1 minuto (sabía que su hermano no lo soportaba), Alexander accedió a decirle a Alex que era ese lugar.
- Lo descubrí hace 3 años. Era solo un chavalín de cuatro años, pero desde el primer momento supe qué era este lugar- comenzó-. Es la biblioteca secreta de la familia Sword-Spear. Ya lo estudiarás el año que viene. Me interesaron muchos sus manuscritos. Y llevo estudiándolos tres años. Si quieres te cuento más… Pero me debes de prometer que no se lo dirás a nadie.

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