Esta historia trata de un chico, Jonh Sage, muy chulito, ligón y rico, al que su padre manda a un internado de élite, Los Juncos. Allí conocerá a su compañero de habitación, Harry, que se convertirá en su mejor amigo, y hará unos cuantos ligues. Comenzamos.
Cap 1: La llegada a Los Juncos
- ¿Me entiendes, papá? ¡No quiero ir a un Internado para chicos! ¡Allí no hay tías buenas con las que ligar ni gente con la que meterse sin que te denuncien! ¡Es injusto!- gritaba el chico a un hombre, que estaba sentado a su lado.
El chico era moreno, de ojos verdes y rostro dulce y angelical. Muy guapo. Vestía unos vaqueros anchos y una camiseta verde de mangas cortas. En cambio, el hombre que había a su lado tenía el pelo canoso, ojos azules y gélidos con mirada perdida y facciones marcadas, con un rostro surcado de arrugas. Vestía smoking, y no hacía caso a las súplicas de su hijo. Tenía pinta de ser un pez gordo de los negocios. Lentamente, giró la cabeza, como un muñeco, y habló.
- Hijo, tienes lo que te mereces- dijo lentamente, moviendo suavemente sus labios-. No deberías haberte escapado para irte a la discoteca.
- Viejo cascarrabias…-murmuró para sus adentros.
La lujosa limusina paró enfrente de un edificio de aspecto antiguo, ventanales sucios y torres muy altas. Tenía pinta de edificio medieval. El joven frunció el ceño. No le gustaba ni un pelo dónde tendría que dormir durante unos meses.
- ¿Y tendré que estar en… eso?- preguntó.
- No te preocupes, sólo será temporal. Durante una temporada, tu madre y yo nos dedicaremos a estrechar nuestro amor- dijo el hombre, con su lentitud habitual.
El joven puso cara de asco. Sabía a lo que su padre se refería.
Abrió la puerta y bajó. Desde que puso un pie en el suelo, notó el olor a podrido y los lejanos cipreses que le daban alergia. Cogió una pastilla del bolsillo y se la tomó. Mucho mejor.
El chofer se bajó también, y se dirigió al maletero. Cogió una maleta oscura y la sacó. Se la dio al joven y se subió otra vez a la limusina. Se fueron.
El joven entró por la puerta y se fue al edificio. Llamó tres veces al timbre, y comenzó a perder la paciencia. Le abrió una mujer, pero mayor, de pelo rubio casi blanco y algunas arrugas. Andaba encorvada. Empezaba bien. Ya había una chica, aunque fuera una anciana. Y eso quería decir que los rumores que circulaban por Internet eran ciertos.
sábado, 4 de abril de 2009
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