Decisiones Equivocadas va sobre una chica llamada Hayley, cuyo error consiste en dejar a su mejor amigo, Danny, por Debbie, una joven modelo y actriz que está en su instituto y que ha sido su enemiga desde que eran pequeñas. Esta decisión supondrá graves consecuencias. Comenzamos.
Cap 1: Me presento
- ¡Felicidades, Hayley! ¿Qué se siente al tener 13 años?- dijo Danny, mi mejor amigo, enfocándome con una cámara de video.
- ¡Déjame en paz, Danny! ¡Vete con tu camarita a grabar a Debbie, también hoy es su cumpleaños!- dije, pareciendo borde.
Debbie era una chica de nuestro instituto, muy pija y creída. Coincidía en todo conmigo, excepto el nombre, la apariencia y el carácter. Yo, Hayley Olson, era bajita, de pelo rubio, ojos marrones, tranquila, inteligente, estudiosa e independiente. Ella, mi rival, Debbie Olson, era también rubia y de ojos marrones, pero para mí, tonta, creída, chula y demasiado famosa… Debbie era modelo profesional con tan solo 13 años, así que tenía el instituto a sus pies y una magnífica influencia para utilizarla contra mí, su rival desde los… Sí, desde los 10 años.
- ¡Vamos, la cámara te adora!- dijo Danny-. Venga, una sonrisita…
Danny era mi mejor amigo. Bueno, mi único amigo. Yo era la marginada del colegio, y con él se metían siempre que estaba conmigo. Cuando yo no estaba, era el más querido por los de la clase. Todo el mundo creía que yo no me daba cuenta, pero lo hacía. No era tonta.
- Hoy estás muy borde…- refunfuñó Danny-. ¿Qué te pasa?
No le contesté. Me quedé embobada. En ese preciso instante, Spencer Smith, el chico que me traía loquita desde el año pasado (bueno, a mí y a todas las chicas del instituto), había pasado a mi lado.
- No comprendo que le ves a Smith- me dijo Danny-. Es un prepontente, un chulo y…
- Reconoce que le tienes envidia- dije, babeando aún por el bombón que acababa de pasar a mi lado, rodeado de chicas como siempre-. Te gustaría ser como él, guapo, rodeado, ligón…
- Me cae mal, y, según tú, eso se llama envidia. Entonces tu le tienes envidia a Debbie, ¿no?- me preguntó.
- ¿A Debbie? ¿Yo envidia a Debbie? ¡Ha! ¿Tú te crees esa tontería? ¡Pues yo no, Danny Dunahoo! ¡Yo, Hayley Olson, no le tengo envidia a Debbie Olson, ni a ninguna de sus estúpidas y patéticas “amigas”, traducción de “perritos falderos”, y ni se te ocurra ni siquiera insinuar…- dije, poniéndome cada vez más nerviosa. Estaba sudando, y las palabras se me atropellaban y no querían salir.
- Hablando de la reina de Roma…- me cortó Danny, señalando el pasillo vacío por el que aparecía Debbie.
Iba andando con lo que ella llamaba su “paso de modelo”, que daba cuando intentaba pavonearse ante los simples mortales del instituto que aspiraban a ser como ella. Danny volvió a coger inmediatamente la cámara para grabarla. Debbie fue aminorando el paso, y, milagrosamente, se paró a mi lado. ¿No le bastaba con hacerme quedar como la más ridícula de todo el colegio? ¿Quería humillarme más todavía hasta hacerme querer hundirme bajo la tierra? O por el contrario, ¿quería pactar una tregua? No, imposible. Debbie Olson era demasiado orgullosa para hacer eso.
Mientras seguía razonando, sumida en mis pensamientos, y Danny grababa, Debbie movió sus labios y comenzó a hablar.
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